
> Versión en español
Tanny y la isla de los inventos
Por Xenia Pawlosky
Ilustraciones por Donibane
Tanny (diminutivo de Tannik) vive en una pequeña isla situada en un rincón del océano Índico: la Isla de los Inventos.
A su alrededor hay muchas otras islas, también pequeñas, y en cada una de ellas se fabrica algo: está la Isla de la Música, la Isla de los Juegos, la Isla de las Frutas, la Isla de las Medicinas, la Isla de los Cuentos, y muchas otras.
Lo más curioso de esas islas es que sus habitantes no saben lo que es el dinero, pues no compran y venden, sino que se cambian cosas entre ellos: una canción por manzanas; una trompeta por un chiste; un cuento por un sombrero.
Gracias al trueque, tienen todo lo que necesitan para vivir bien.
-Veamos: el bote, el anzuelo, la caña de pescar, las gafas mágicas, el gusano Sabelotodo…, lo tengo todo…, ¡a remar!
En la Isla de los Inventos regalaban todo eso a los niños y niñas cuando cumplían siete años. Así aprendían a pescar y a inventar inventos mientras pescaban. Y esos inventos luego los cambiaban por otras cosas que fabricaban en otras islas.
Tannik acababa de cumplir siete años, y ese mismo día iba a estrenar su regalo: había llegado un mensajero de la Isla de los Platos Exquisitos, quien traía un mensaje:
–En la Isla de los Platos Exquisitos os piden que inventéis algo para sacar unos pequeñísimos bichitos que viven entre las grietas de las montañas; se llaman bichos-bola, y asaditos están deliciosos.
Y Tannik se ofreció voluntaria para ese encargo.
Tannik empezó a remar, pero solo consiguió dar vueltas sobre sí misma, como la Tierra.
- Con ambos remos has de remar si quieres avanzar –le aconsejó el gusano Sabelotodo
Remó y remó, y cuando ya estuvo muy lejos, el gusano, que era muy sabio, le dijo:
–Vale ya de remar, ahora toca pescar.
Pero Tannik prefería bucear con sus gafas mágicas que tenían forma de pez. Con ellas podía ver, nadar y respirar como un pez de verdad. Se las había regalado su abuela, que había sido una grandísima fabricante de inventos.
–¿Vienes conmigo al fondo marino, Sabelotodo? Venga, agárrate a mi cinturón.
Se lanzó de cabeza y nadó hacia abajo con todas sus fuerzas, iba tan rápido que al gusano se le iban las antenas hacia atrás.
El fondo marino parecía otro planeta, tan distinto era: allí todo iba más despacio; no soplaba el viento; no se oían gritos; ni olía a nada (sobre todo por que la nariz debía taparse).
Por arriba entraba luz, pero hacia abajo estaba todo muy oscuro, no se veía el fondo.
-Hacia abajo sigue nadando y encontrarás lo que andas buscando. No temas, no tienes pinta de calamar, que es para el tiburón un gran manjar.
“Este gusano es un sabiondo” pensó Tannik poniendo cara de aburrida.
– Pues tú sí pareces krill, y a la ballena le gustas mil –le contestó Tannik maliciosamente. Al gusano se le pusieron las antenas de punta al oír eso, y acto seguido volvió a esconderse en el cinturón de la niña.
Encontraron una masa de rocas con forma de tubos y esponjas, de donde salían algas de varios colores; en ellas vivían peces del mismo color que las algas, así se camuflaban de sus enemigos.
“Qué buena idea: cuando juegue al escondite yo haré lo mismo: me vestiré de color verde y me esconderé detrás de las hojas en el bosque, así nunca podrán encontrarme”.
- Mira eso, cara queso –dijo Sabelotodo, mientras le señalaba con la antena derecha hacia un pequeño pez que parecía estar pegado a la roca por la cara. Se acercaron. Sin dudar, Tannik le cogió de la cola y tiró de él
– Pobrecito, se ha quedado atrapado en este agujero por la boca, ayudémosle.
Tannik logró separar al pez de la roca, y se fijó en él: era un pez curioso, pues tenía un largo hocico, ¡y de él salían pequeños gusanos!
-¡Socorro, un pez come-gusanos, me comerá enseguida con ese morro, yo me esfumo! –dijo Sabelotodo
“Ya lo entiendo: este pececillo estaba buscando su comida en los agujeros de las rocas; con su boca en forma de tubo aspira y atrae los bichos-bola que tanto le gustan”
- Perdóname, pensé que estabas atrapado –y tras darle un beso en la cola dejó libre al pez de hocico largo.
Tannik sonreía: ya sabía cómo sería su invento.
Ya en tierra, la niña buscó una caña fina y hueca, y la embadurnó de resina por dentro para que al aspirar se quedaran pegados los bichos-bola.
Todos en la Isla de los Inventos aplaudieron el invento de Tannik. A cambio, en la Isla de los Plato Exquisitos prepararon una gran fiesta para que todos los habitantes de todas las islas probaran bichos-bola asados.
- Sabelotodo, ¿vendrás conmigo la próxima vez que vaya a bucear?
– No, no iré contigo. Bueno, me lo pensaré. Bueno, vale, quizá sí vaya. Sí, creo que sí iré. ¡Por favor, llévame contigo! –Tannik le acarició la cabecita mientras le sonreía.