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"El hombre que le sobró vida" by Donibane

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Siempre he sido un gran aficionado a los relatos cortos. Algunos incluso pueden llegar a llamarlos "artículos". Grandes películas y guiones han sido adaptados a partir de estos relatos construyendo joyas como puede ser Blade Runner, etc.

En este mi blog iré "editando" algunos de ellos, acompañados de mis ilustraciones. Si alguno quiere reproducirlos, ruego que se pongan en contacto conmigo para "comentar" como hacerlo.

El primero de ellos se llama "El hombre que le sobró vida". Dicen que la realidad supera a la ficción y de verdad que yo lo creo. Y en estos relatos lo demostraré.

Gracias a todos/as por la visita y espero os gusten.

Con todos ustedes, "El hombre que le sobro vida".

El hombre que le sobró vida

¿Cuantos años viviremos?

Mucha gente creé que esta pregunta carece de gran valor. Viviremos hasta que un día nos vayamos a otro mundo, se dicen. Y mucha gente también opina que eso no debe condicionar nuestra vida. En resumen, que mejor no saberlo.

Hace muchos años me contaron una historia que me llamo poderosamente la atención.

Se trataba de la historia del hombre que le sobró vida.

Y el lector pensará ¿cómo puede a un hombre sobrarle la vida?¿o es que no quería más? ¿es eso posible?¿un mal de amores? ¿un amor de males? Y en muchos casos pensarán que en todo caso le falto, pero ¿sobrar?.

El relato que yo escuché hablaba de cómo un hombre hizo un cálculo aproximado de los años que le quedaban de vida. Esto lo hizo sin padecer ninguna enfermedad, ni tener constancia de que su fin se acercaba. El era muy pragmático y quería cambiar su vida. No le gustaba como la había orientado. Del trabajo a casa, de casa al trabajo. Siempre apretado por las deudas, la hipoteca, los gastos de derramas. No podía ni salir a cenar con sus amigos. Era “el sistema”, implacable, demoledor.

Su gran sueño desde siempre era ser ilustrador. Desde pequeño le gusto el dibujo y en su clase destacaba sobre el resto. Solo que cuando creció no tuvo tiempo de practicar, al empezar muy joven en un taller a trabajar.

Entonces, después de una noche de pensar y pensar trazo un plan.  Organizarse de forma que el dinero que tenía le llegara aproximadamente hasta aquel día en que pasara a mejor vida.

He hizo un trato consigo mismo. Un pacto secreto entre el y su conciencia. Un acuerdo entre la persona que era el ahora y la que sería el último día de su vida. Y decidió llevarlo adelante con todas la consecuencias.

El no era rico, tampoco pobre. Tenía una propiedad la cual había adquirido quince años atrás y con el boom inmobiliario su valor había incrementado en un ochenta  por ciento.

Como además era muy manitas, había mejorado la misma hasta hacer de ella un lugar de diseño, único y muy admirado por sus amigos y conocidos. Cuando la vendió tuvo que casi realizar un sorteo, eran tiempos boyantes y eso hacía que la gente quisiera una vivienda lo más chic posible y si era de autor, mucho mejor.

Eso le dio ciertos beneficios, claro esta, una vez hubo satisfecho al fisco con una buena tajada de los mismos.

Para empezar su nueva vida alquiló una pequeña propiedad y con lo que sacaba de su trabajo de ilustrador y con el dinero ahorrado se dedicaría a vivir los años que calculo que le quedarían.

Pero lo hizo a todo trapo. Sin privarse de nada. Viajes, cenas, salidas. Era la envidia de todo el mundo.

Cada año se hacía al menos dos viajes. Pero no dos viajes cualquiera. Unas veces era en el famoso tren Transiberiano, otro en un barco por el Nilo, o aquel vuelo en helicóptero por NuevaYork. Sin olvidar sus escapadas a las playas de Copacabana en Brasil o sus paseos por las capitales europeas, Paris, Roma, Londres, Madrid.

Cuando el tomo la decisión e hizo su cálculo tenía cuarenta años. Pensó que podría aguantar con ese ritmo hasta justo la edad medía de vida de aquella época.

Setenta años. Ni uno más, ni uno menos.

Al cumplir los cincuenta comprobó que aquella decisión era lo mejor que había hecho en su vida. No trabajaba ya para vivir. Tampoco vivía para trabajar.

Simplemente, vivía la vida. Y de cada viaje hacía una vida nueva.

Y comprobó que lo que más le gustaba era planificar aquellas aventuras. En las agencias de viaje le trataban como a un VIP, era agasajado con grandes catálogos y ofertas especiales. El observaba minuciosamente aquellos viajes a destinos que por sus bajas ventas realizaban, los conocidos como “chollos” y como el disponía de tiempo realizaba aquellos viajes en temporadas bajas, que es cuando además menos gente los hace y más cómodo se está.

Los bancos de la época seguían engordando sus arcas gracias a los intereses que cobraban a los propietarios y mientras, el, indiferente, observaba como los intereses subían y subían. También es cierto que  lo hacía el precio de los pisos y casas. Pero para el, haberse salido de parte del sistema era una decisión acertada, sin ningún género de dudas.

Y utilizaba a los bancos para que trabajaran para el y no en la otra dirección. Con los intereses que le daban por el dinero de la venta de su piso se pagaba parte de sus gastos.

Cada poco tiempo cambiaba de piso. Unas veces probaba cerca de la playa. Otras en la montaña. Otras en la ciudad. Otras al campo. Y cada vez que lo hacía para el comenzaba una vida nueva. No le gustaba pasar más de un año en el mismo sitio. Los fines de semana los “invertía” en conocer bien la zona. Eso le hizo hacer de su vida un viaje continuo. Pasaba de climas secos a climas húmedos. De regiones con mucha lluvia a zonas sin casi desérticas. Incluso viviendo en algunas islas paso algunos años.

Y conoció lugares de ensueño. Y vivió incluso en casas en lo alto de los árboles que le dieron cobijo durante el tiempo que el quiso. Y al ser un clima benigno no había problemas con el frío.

Y nunca jamás tuvo problemas con los dueños de los pisos. Al contrario. Todos, cuando el informaba que se iba, le invitaban a seguir algún mes más gratis, con el fin de que decorara los mismos e hiciera de ellos “pisos de diseño” y con firma de autor.

Al llegar a los sesenta había vivido muchas vidas. Y guardaba las fotos de los viajes y las fotos de sus pisos. Se daba cuenta que su trabajo de ilustrador había sido realizado como en los intermedios de su vida. Y por eso habían sido de gran calidad.

Y siguió con su ritmo de hacer viajes. Dos al año. Ni uno más, ni uno menos. Y los fines de semana para explorar en la región donde había alquilado su piso.

Cuando cumplió los setenta había llegado a gastar todo el dinero. Y por lo que su médico le dijo podría llegar a vivir otros veinte años más perfectamente.

Ya no podía realizar ilustraciones al fallarle el pulso y la vista. No tenía ahorros ni nadie que quisiera ayudarle.

Solo tenía aquellas fotos y recuerdos de una vida llena de vida. Su último viaje fue el más corto y el más largo de todos. Y se cumplió el cálculo.

Justo fueron setenta años. Ni un día más, ni un día menos.

Un trato es un trato.

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Comentarios(4) »

  1. x — 29-03-2009 - 23:23:49 GMT 1

    Preciosa ilustración... a mi me evoca otra historia, de grandes arboles y frágiles pajaritos. Sigo volando, sigue soñando.

  2. Donibane — 30-03-2009 - 07:29:08 GMT 1

    Vuela alto "pajarita" y no mires para atrás y ni tan siquiera hacía abajo. Solo mira al frente y busca aquello que te haga volar feliz ;-)

  3. mila — 10-09-2009 - 13:49:48 GMT 1

    Me ha encantado el mensaje, ;)

  4. donibane — 11-09-2009 - 07:38:32 GMT 1

    Gracias Mila, está claro que no trabajas en la banca... quiero decir, en un banco ;-)

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