"El Hombre Bala" by Donibane | 2009
¿Y para qué? os preguntaréis. ¿Cuantas veces no nos hemos sentido que nos metíamos o metian en algo similar a un cañón y desde fuera nos han enviado muy lejos? (o al menos lo han intentado). Evidentemente hablo de forma metafórica, pero el lector/a inteligente sabrá a lo que me refiero. 
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¡Todos/as deberíamos llevar un hombre bala dentro! De eso no tengo ninguna duda.
Todos hemos sido alguna vez un niño o niña. Algunos seguimos conservando algo de el o de ella, otros muchos lo han perdido por el camino de la vida. Los que aún tenemos un trozo de corazón de aquel niño, sigue diciéndonos que todavía no ha llegado el momento de ser “mayor”, y de vez en cuando, nos hace acordamos de cuando de más pequeños fuimos al circo por primera vez.
En mi caso, a uno que vino al barrio. Uno de Caracas, que es donde yo vivía y aquella zona, se llamaba, “El Paraíso”. Aquel circo no era ni con mucho el mejor del mundo, apenas tenía animales y los que tenía estaban famélicos y además, muchos se pasaban la actuación medio dormidos. Era más probable que ocurriera al revés, que el domador atacara a aquellas "fieras" tan devastadas y astiadas del trato que les daban .
El hombre bala
El número del mago era con mucho lo peor de aquel modesto circo. Y además, cuando llego el momento de hacer el truco de hacer desaparecer, al no querer nadie del público salir, se hizo desaparecer a si mismo, no volviendo a aparecer en todo el resto del espectáculo. Al salir pude verle con el grupo de borrachos payasos, por lo que muy lejos no había ido. Aquel tipo llego justo en el momento más oportuno ya que la gente empezaba a pedir que les devolvieran el dinero. Al llegar al centro de la zona donde se producían los espectáculos poso su cañón. La gente para ese momento había dejado de murmullar sin duda alguna preguntándose que ocurriría después. Sacando un plato de su maleta antes de entrar se comió lo que parecían unos espaguetis. Por lo visto hoy no había comido aún. Uno no sabía que podía esperar de ese circo. Tras finalizar y antes de introducirse en el pequeño tubo dijo unas palabras que todavía hoy conservo en mi cabeza como si fuera ayer cuando las oí. “No intenten hacer esto en sus casas niños y niñas”. Y después se sumergió lentamente hasta solo dejar la cabeza sobresaliendo fuera del cañón. Este era un circo tan pobre que ni tan siquiera tenía ayudantes. Pero el se las arreglaba bien, quedando claro que ya lo había hecho muchas veces antes. El cañón fue orientado hacía el cielo, que es a donde el “Balín el majín” se disponía a ir. De la parte inferior una pequeña mecha colgaba. Al meterse dentro el murmullo fue grande. Cinco o seis personas se taparon los ojos, mientras los niños observaban la actuación con los ojos y la boca bien abiertos. Hubo un redoble, pero no de tambor, sino de crujidos de dientes de los niños y niñas que no podían aguantar más de los nervios. Y el cañón estaba a punto de lanzarle por los aires o en el peor de los casos, despedazarle en mil pedazos. Entonces, una gran explosión acompañada de un gran humo nos hizo no poder ver nada. Durante unos minutos los gritos de los niños y de los mayores nos hacían presagiar lo peor. Había líquido rojo por todos los lados y restos de espaguetis se esparcían por todas las esquinas. Temiendo ya lo peor para cuando el humo ceso pudimos entonces ver que el cañón estaba intacto. Quizás un poco chamuscado, pero del “Balín el majín” no había ni rastro. Los padres tapaban los ojos de los hijos esperando que no pudieran ver aquello que no se atrevían a decir. Fue entonces cuando, desde lo alto del palo mayor de aquel que se encargaba de sujetar la lona que tapaba el circo pudimos escuchar un gran grito, acompañado de un silencio que aún nos dejo más helados a todos los allí presentes. Los aplausos y gritos de júbilo llenaron aquel circo que ahora era grande, el más grande jamás visto al menos en mi barrio. “Balín el majín” por fin había podido sacar su cabeza de aquel mástil y nos saludaba a todos con grandes movimientos de brazos mientras abajo todos nos entregábamos a felicitar su hazaña. La vida es un gran circo y uno también debe saber valorar a los que como aquel “hombre bala” se lo trabajan de tal forma que sabiendo que no iba a poder llegar de una sola pieza hasta aquel punto, busco una alternativa, hizo un truco que consiguió que todo el mundo pensará que era auténticamente “El hombre Bala”. ”Superviviente” es la palabra que muchas veces mejor define a este tipo de personas. Gente que se reconstruye una y otra vez. Son valientes y siguen adelante. Y como final, una gran cierre de actuación circense. A los "domadores" comentarles que sin el látigo y la banqueta en la otra mano no serían mucho, y jugar con la comida de los pobres leones (dejándoles famélicos y faltos de fuerzas) es algo que no está bien, que es de cobardes (pero entiendo que es muchas veces es su naturaleza). A los "magos" que desaparecen a las primeras de cambio, decirles que las ratas son los primeros que abandonan el barco cuando las cosas se tuercen y a los "payasos borrachos" solo decirles que a pesar de sentir pena y lástima por ellos, también decirles que nunca es tarde para cambiar ;-) A los demás, "el show must go on"
FIN
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