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"Amasty" por Donibane | 2009

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Escribir relatos de ensayo (que es como yo los denomino) es algo que me gusta hacer, además de diseñar, pintar, sacar fotografías, etc.

Las ideas las saco de cosas que oigo o simplemente, me viene la inspiración.

Esta historia está quizás más basada en mi momento que ni siendo ni peor ni mejor que otros es el que es. Espero que os guste a tod@s .

Con todos ustedes...


Amasty

La cola que se había formado en la entrada de aquella farmacia del centro de la ciudad había colapsado las principales calles y avenidas creando una gran alarma social entre la población residente en aquella zona.

Muchos de los vecinos tuvieron incluso que aparcar sus vehículos en los barrios adyacentes al comprobar que aquel gentío imposibilitaba poder llegar a sus garajes.

La farmacia,  fruto de aquel despliegue ciudadano, permanecía cerrada por miedo a ser saqueada al no disponer de aquello que la gente buscaba.

Según la estimación policial se podía tratar de un número de aproximadamente cincuenta mil personas y cada hora se acercaban al menos medio millar más.

Cuando se corrió el rumor de que aquella farmacia recibiría un lote nuevo del producto de moda la noticia se esparció como la pólvora por toda la ciudad. Incluso personas de otras provincias se acercaron con la ilusión de poder conseguir al menos una dosis de aquel fármaco ya conocido como el mayor invento de la historia.

Pero aquellos que se disponían a pasar la noche al descubierto eran, como siempre que ocurría, de las clases menos favorecidas, como era la antaño conocida como clase media (ahora venida a menos) y la clase baja (tan baja como siempre o más).

Y también como siempre, entre las clases pudientes no había problema para conseguirlo.

Los laboratorios habían creado varias líneas del producto. El conocido como “amastygold” era de gran calidad, con efectos inmediatos y además de mayor duración.  Por eso, aquellos considerados como “ricos” lo podían encargar y a un precio elevado lo recibían en sus hogares. 

El servicio de mensajería era también exclusivo y contaba con fuertes medidas de seguridad ante los numerosos asaltos que se habían producido sobre los vehículos que distribuían aquel producto milagroso que había logrado cambiar las vidas de tantas personas.

Ahora el laboratorio no daba a basto para abastecer a la demanda y eso estaba generando muchos problemas.

En aquella ocasión la policía tuvo que poner orden en muchas ocasiones ante los altercados que se estaban produciendo en la formación de una cola imposible debido a las barreras arquitectónicas urbanas.

 Visto del aire parecía una gran culebra que en forma de zigzag cruzaba las grandes avenidas, los parques, y todo aquello que se le atravesará era inmediatamente bordeado, en tiempo real por el gentío que iba llegando. El caso del vendedor de castañas que quedo aislado entre tanta multitud fue solo uno de los efectos colaterales de aquella manifestación de interminable fila india.

El mismísimo alcalde fue avisado mientras departía en animosa comida con los integrantes de su corporación.

Sonrió al recibir la noticia en boca de uno de sus asistentes y tras bromear con los comensales sobre el aspecto de aquel segundo plato, conocido graciosamente como “pato a la naranja” se levantó y dirigió al coche oficial.

Era increíble lo bien que se encontraba.  Todo en el era armonía.

Desde que ganó las elecciones su vida no había hecho más que mejorar. 

La sincronicidad era ahora su palabra preferida.

- Todo está a mi favor-  pensaba cada vez que analizaba su vida. Todo fluía. Ahora siempre era su momento. En cuatro años no había tenido una sola recaída, ni un bajonazo, ni una medio depresión como las que antes tenía tan a menudo. Todo era tan diferente.

Y luego estaban las mariposas.  Las sentía como el primer día que probó él producto que le hizo llegar uno de los comerciales de la empresa propietaria de la patente mundial.

Y curiosamente, aunque no lo quería reconocer,  sabía que todo se lo debía a aquel producto milagroso.

Por eso, tener que ir a aquel lugar le resultaba hasta gratificante. Antes odiaba tener que presentarse delante de la gente. En cambio ahora estaba siempre deseando hacerlo. Ellos le necesitaban y el a ellos (o eso pensaba aunque las estadísticas no decían eso).

La policía que le escoltaba le abrió, a duras penas, paso hasta el piso, aquel que estaba justo cinco pisos arriba de la farmacia, desde donde podría hablar a la muchedumbre gracias al pequeño balcón del que disponía.

Megáfono en mano empezó su alocución.

- Amado pueblo - pero no pudo emitir más palabras debido al grito ensordecedor de los allí reunidos.

Acompañado del concejal de sanidad, el cual también sonreía abiertamente (prueba inequívoca que había recibido su dosis) intentó  comunicar a aquellas personas que la información sobre la llegada de un nuevo lote del producto era falsa.

Eso disgustó aún más a la gran masa, que aunque no le oían suponían lo que estaba diciendo. Y además, el muy canalla sonreía cuando lo decía.

De entre todas las voces hubo una que se alzo por encima de las demás. 

- No es justo-  gritó. Y siguió hablando en voz alta, alzándose sobre los hombros de su  ahora asombrado predecesor en la cola.

- Los poderosos, ricos, enchufados y demás escoria social lo tienen ya mientras nosotros, los que realmente más lo necesitamos al no tener nada,  no podemos tener acceso a él.

El populacho se unió en un solo grito desgarrador y desesperado.

-  Nosotros también tenemos derecho.

Lo que ocurrió a continuación fue algo que ya se veía venir.

Arengados  por aquel nuevo líder la masa derribó el cordón de seguridad que habían formado la escolta personal del alcalde y los cuatro policías de servicio y subiendo al piso en cuestión lograron atrapar al alcalde y al concejal.

Ellos, en vez de defenderse seguían sonriendo e incluso el concejal tuvo un ataque de risa, debido a los efectos del susodicho producto.

Eso enfadó aún más a la gente que se apretaba para poder entrar en aquel pequeño balcón y que amenazaba con desprenderse de la fachada.

Finalmente, fueron lanzados desde aquel piso a la calle cayendo sobre un grupo de personas que amortiguaron la caída y les recibieron con gran violencia.

Fueron brutalmente golpeados por aquellas personas que increíblemente sin apenas moverse seguían formando la larga cola en frente de la farmacia.

Nadie quería perder su oportunidad de conseguir una de las dosis, pero tampoco desaprovecharon la ocasión de propinar una patada, puñetazo, cabezazo o algún tipo de golpe a aquellos dos incompetentes que a pesar de los golpes que recibían no dejaban de sonreír a la gente y agradecerles que se molestaran en hacerles daño.

Seguramente les salvo la vida a aquellos dos tipejos  el hecho de que el populacho  tuviera más miedo de perder su posición en la fila que de hacer justicia popular con los elegidos por el pueblo, con la falsa promesa de tener su dosis si lograban el triunfo.

Pero para poder entender esté comienzo del relato tenemos que volver al principio, al momento exacto en el que en el laboratorio propietario del Amasty fueron conscientes de su descubrimiento.

Y como en todas las grandes ocasiones fue casual.

Aquella búsqueda de la solución para la calvicie les llevo a experimentar todo tipo de combinaciones, pasando por el uso de raíces de plantas exóticas hasta el uso de medusas de las profundidades de los océanos.

Finalmente y una vez probada la conocida como “P-F213” los efectos secundarios sorprendieron a propios y extraños.  Aquel calvo utilizado como conejillo de indias no pudo hacer realidad su sueño de tener un gran tupe de pelo natural, pero consiguió tener un efecto que el mismo definió como “el mismo que tuve la primera y única vez que me enamoré”.

El efecto solo le duro unas pocas horas, pero durante aquel breve tiempo aquella persona se olvido de todos sus problemas, de la pérdida de su último empleo, de sus problemas financieros, de sus disputas familiares por la herencia de los padres, y de otros muchos, y por supuesto, de su prominente calvicie, la cual dijo que quería conservar para siempre ya que le daba un aspecto de persona ilustre.

Solo veía lo bueno de todo.  Y se sentía muy bien. Y además, era capaz de regir con normalidad con el resto de sus sentidos. Veía bien, escuchaba mejor, sus constantes vitales mejoraron.

Aquella química de laboratorio había logrado hacer de aquella persona alguien más feliz, relativizando sus problemas hasta hacerlos tan pequeños que desaparecieron.

Y además, lo mejor de todo es que sentía las mariposas en el estómago.  

Aquel principio fue el comienzo del fin. Amasty fue retirado del mercado, justo un año después de salir a la venta.

Los propios gobiernos tuvieron que aplicar la ley marcial para controlar las revueltas sociales.

Aquellos que lo habían probado querían recibir más dosis y los que no se desesperaban por poder experimentar “eso” que tanto gustaba a todo el mundo.

Aún con fuertes medidas de seguridad el laboratorio fue arrasado por las masas deseosas de proveerse de aquel producto milagroso, destruyendo todo a su paso. El ejército no pudo hacer nada e incluso muchos de los soldados abandonaron sus posiciones de defensa siendo los primeros en saquear las instalaciones. Más tarde, en consejo de guerra fueron declarados inocentes por estar expuestos a un gran estrés. 

“El amor es algo que debe ser generado por uno mismo, de forma natural, y no de forma química” fue el mensaje lanzado por las autoridades.

Amasty y su fórmula fueron destruidos.

Durante muchos años a aquellas personas que se les veía muy felices y expresaban esa sensación de amor incondicional, de tener “mariposas en el estómago” eran retenidas por orden judicial en cuarentena en sus propias viviendas o bien llevados a calabozos bajo la sospecha de uso de algún tipo de droga, o estupefaciente de carácter ilegal.  Al acabar de cumplir sus condenas aquellas personas solo sentían odio. El sistema les había quitado lo que de forma natural habían conseguido. Y quizás no volverían a tener eso. Era injusto

La población aprendió a no expresar otros sentimientos que no fueran los de enfado y desengaño.

Solo aquellas personas que se exiliaron en el campo, viviendo de lo que las naturaleza les proveía, pudieron escapar del control de las autoridades y de esa forma fueron capaces de poder seguir experimentando aquellas emociones y sentimientos que tanto perseguían tener.

FIN

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